Por el artículo 33
FLORENCIO DOMÍNGUEZ 10.03.09
Tras casi treinta años en el poder de forma ininterrumpida, la perspectiva de tener que pasar a la oposición ha ofuscado a los dirigentes del PNV, que han utilizado palabras poco afortunadas para calificar la posible elección de Patxi López como lehendakari, palabras que habrá que atribuir a la falta de costumbre para afrontar trances como éste.
Los nacionalistas siguen poniendo en cuestión la legitimidad del candidato socialista para estar al frente del Gobierno vasco. «Lo que no entendemos es por qué tiene que cambiar el lehendakari», se preguntaba la portavoz del Ejecutivo de Ibarretxe hace unos días. Pues es sencillo: por el artículo 33. Es el artículo 33 del Estatuto de Gernika el que establece que «el presidente del Gobierno será designado de entre sus miembros por el Parlamento vasco y nombrado por el Rey». No dice nada de que tenga que ser quien haya sacado más votos o más escaños, quien tenga más antigüedad en el cargo o sea novato. La única condición para ser lehendakari es ser designado por el Parlamento vasco, algo que se consigue cuando se tiene la mayoría de los votos de los parlamentarios, circunstancia que en este momento concurre en Patxi López y no en Juan José Ibarretxe.
Le reprochan al candidato socialista aspirar a ser lehendakari con sólo 25 escaños. Cuatro escaños menos tenía el PNV en 1998 cuando Juan José Ibarretxe fue investido lehendakari, por lo que su dependencia del apoyo externo era mayor. Tuvo que sumar a los escaños de su partido los que le proporcionaron EA y Euskal Herritarrok, incluido el voto de Josu Ternera. Patxi López podrá salir elegido con el apoyo de los parlamentarios del PP que no tienen una calidad democrática inferior a los que han permitido ser lehendakari a Juan José Ibarretxe en esta última década. Si el PNV no se hubiera radicalizado en este tiempo, tal vez a estas horas estaría en condiciones de alcanzar acuerdos con el PP para gobernar con su apoyo, igual que hizo en su día en el Ayuntamiento de Bilbao o en el Congreso de los Diputados.
Le preocupa al PNV la inestabilidad de un gobierno en minoría de los socialistas, inestabilidad que no será mayor que la que sufrió Ibarretxe entre 2000 y 2001 cuando se quedó sin el apoyo de Ternera y sus compañeros de bancada. En las hemerotecas está el recuerdo de las decenas de votaciones perdidas en el Parlamento vasco por el Gobierno, pleno tras pleno, o la insólita aprobación de una supuesta Ley de Presupuestos. Ibarretxe acumuló casi tantas derrotas como las que suma el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Getxo sin que ello les llevara a cuestionar ni su legitimidad ni su idoneidad para estar al frente de las instituciones.

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