Elogio de la cortesía y de la franqueza
Vicente Carrión Arregui
No quisiera resultar pueril ni moralizante pero ya hay síntomas en la precampaña electoral de que nuestros candidatos tienen ciertas dificultades para practicar ese abecé de la cortesía que a la inmensa mayoría de los ciudadanos no se les escapa. Que si la triple alianza de un españolismo ajeno al país, que si paranoicos pactos de todos contra mí, que si imaginarios repartos de consejerías futuras... y todo ello en un ambiente de chiste fácil cuando no de abierto insulto. ¿Acaso no se han percatado nuestros próceres de que una de las claves de la victoria de Obama ha consistido en la categoría humana que han trasmitido sus palabras y gestos a la hora de dirigirse siempre a sus rivales con elegancia y respeto?
En mi opinión, hay cuestiones demasiado importantes en juego como para perder el tiempo inventando polémicas ficticias, hirientes juegos de palabras y ofensas originales. No merece la pena complacer el aplauso fácil de unos centenares de parroquianos que piden 'caña' al contrincante al precio de perder la estima de la gente cabal, de quienes sabemos que se deslegitima a sí mismo quien basa sus fuerzas en las miserias ajenas. Si la convivencia en las comunidades de vecinos, en los centros de trabajo y en las aulas escolares se cimienta en no andar hurgando en los defectos ajenos, no entiendo por qué la clase política parece caracterizarse exactamente por lo contrario, más pendiente de los dimes y diretes que de remangarse los brazos para trabajar por los ciudadanos, que para eso les pagamos. No es de extrañar así que crezca el descrédito y la distancia de la sociedad civil hacia el patético espectáculo que tantas veces nos ofrecen.
Ahora bien, los buenos modales no están reñidos con la franqueza. En toda campaña electoral, a quienes han gobernado les toca hacer balance de su gestión y a quienes pretenden hacerlo les corresponde explicar sus opiniones sobre lo realizado y sus propuestas de futuro. A estos últimos se les puede tolerar cierta bisoñez pero a quienes, como es el caso, llevan treinta años gobernando y siguen convencidos de que el País Vasco es sólo suyo hay que exigirles que expliquen con claridad por qué han hecho lo que han hecho en vez de alimentar el fantasma del españolismo, ofensivo contra quienes nos sentimos tan vascos como ellos pese a no ser nacionalistas, o precisamente por ello.
De entre quienes participamos en su día en la lucha antifranquista somos unos cuantos los que llevamos más de treinta años lamentando todas las concesiones (bandera, himno, gobierno, discriminación positiva de los euskaldunes, etcétera) realizadas al PNV en orden a resolver lo que por entonces llamábamos 'cuestión nacional'. Lejos de resolver nada, el problema sigue agravándose. La apropiación indebida de país perpetrada por el nacionalismo a partir de falsificaciones históricas (como atribuir sólo a Franco el retroceso del euskera, como hacer creer en la atávica independencia del pueblo vasco, etcétera) tuvo el efecto de convencer a la abundante población de origen inmigrante de que convenía ser más nacionalista que nadie si se pretendía vivir aquí. La timidez de los socialistas, la inmediatez del franquismo entre los populares, el permanente deseo de bronca de la extrema izquierda y el miedo a ETA contribuyeron a consolidar la estafa, y a que muy pocos se atrevieran a condenar el chantajismo con que los nacionalistas sacaban réditos del terrorismo. Ya saben, esas nueces, llámense Concierto Económico, privilegios forales, Lizarra o como prefieran, que nos han tenido presos de un supuesto bienestar gestionado desde la insolidaridad con otras regiones de España y desde la inmoral tibieza contra ETA.
Han sido muchos años de miedo a no dar el perfil que los nacionalistas exigían a más de la mitad de la ciudadanía vasca. Miedo a perder el trabajo, a resistirse a las imposiciones lingüísticas, a convertirte en un borrego si callabas o en un exiliado, un cadáver o un escoltado si hablabas demasiado.
Pero, afortunadamente, el tiempo y la Historia ponen a cada uno en su sitio. Por poco que dure, el terrorismo es anacrónico, el etnicismo es anacrónico y el propio término 'nacionalista' correrá probablemente una suerte pareja a la que ha conocido la palabra 'comunista' en otras siglas: algo a evitar y a esconder. Será en estas elecciones, en las siguientes o en las próximas, pues no hay democracia que sostenga varias décadas en el poder a los mismos gobernantes, sea por la ligereza con que echan mano a un presupuesto público considerado cuasi naturalmente propio o porque, como es el caso, acaba siendo insostenible gobernar un país virtual en donde consideran foráneos a buena parte de sus conciudadanos.
Eso sí, que sea en estas elecciones, en las próximas o en las siguientes cuando la ciudadanía desaloje a los nacionalistas del poder puede depender muy mucho del espectáculo ético que socialistas y populares brinden en esta campaña. Si con sus insultos recíprocos eligen la hostilidad característica del bipartidismo español, dejarçan en la cuneta a cuantos suspiramos por un relevo en Ajuria Enea que haga honor a quienes durante todos estos años hemos sido tratados como ciudadanos de segunda, extranjeros en nuestro propio hogar, hostigados y despreciados por no compartir la fe en ese patrioterismo que ha dejado el buen nombre de los vascos salpicado de sangre. Más allá de las estrategias concretas de gobierno y de las lógicas desavenencias programáticas, pido a todos los candidatos, sí, pero especialmente a socialistas y populares una exquisita atención a las reglas de la cortesía y de la elegancia para no dar a los nacionalistas la menor coartada y no decepcionar aún más a quienes suspiramos por un cambio profundo en la política vasca para que todos y cada uno seamos ciudadanos de primera.

Iruzkinak
Miguel Ángel(e)k idatzi zuen Otsaila 08, 2009 19:03
Me sumo a tu petición de elegancia y te felicito por lo bien que expresas lo que sentimos muchos ciudadanos que nos negamos a ser de segunda. Gracias.
Cristina Angulo Leonardo (cristina)(e)k idatzi zuen Otsaila 09, 2009 13:17
Como siempre, Vicente Carrión, con gran talento y sensibilidad. Gracias por tus grandes contribuciones.
EKAI(e)k idatzi zuen Otsaila 10, 2009 00:23
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