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LA IDENTIDAD INSÓLITA DE GUERRA GARRIDO (o lo que el País Vasco le debe a este autor)

LA IDENTIDAD INSÓLITA DE GUERRA GARRIDO
(O LO QUE EL PAÍS VASCO LE DEBE A ESTE AUTOR)


A día de hoy son muy pocas las personas en el País Vasco (y proporcionalmente en el resto de España) que conocen y reconocen las obras de Raúl Guerra Garrido en correspondencia con lo que dichas obras significan para la cultura y el entendimiento entre quienes vivimos aquí, y ello a pesar de haber obtenido en 2006 el Premio Nacional de las Letras Españolas. Mucha gente pensó entonces que obtenía este reconocimiento por su compromiso cívico, pues a raíz del asesinato de su íntimo amigo el periodista José Luis López de la Calle (el 7 de mayo de 2000), a Raúl le quemaron la farmacia familiar en San Sebastián y hubo de ir, a partir de entonces, con escolta. Y, en cambio, muy poca gente atribuyó ese premio a la profundidad de una obra que retrata como ninguna la historia del País Vasco de la Transición.
Este autor, de quien los nacionalistas siguen considerando que es un escritor "afincado o residente habitual en San Sebastián", lleva en esta ciudad viviendo desde 1962, atraído, nunca mejor dicho, por su mujer Maite, persona crucial en su vida y también en su producción novelística: no en vano es la primera lectora de sus obras y se puede decir muy bien que, sin su impulso, alguna de ellas, quizás las más comprometedoras para el autor, no se habrían publicado jamás.
Este año se cumplen exactamente cuarenta desde que publicó su primera novela importante, CACEREÑO (MADRID, ALFAGUARA, 1969), donde trata de un inmigrante de un pueblo de Cáceres, llegado al País Vasco en los años sesenta, que quiere abrirse camino en una sociedad donde encuentra muchos motivos para sentirse un extraño. Y este aniversario no sería mal motivo para celebrar, una vez más, todo el conjunto de su producción novelística, de la cual el tema vasco ocupa un espacio central y verdaderamente estructurante de toda su producción.

Destacamos de todo el conjunto, LECTURA INSÓLITA DE EL CAPITAL (BARCELONA, DESTINO, 1977), que fue Premio Nadal en 1976, y donde, con motivo de un secuestro, el autor nos ofrece un relato coral de la historia vasca contemporánea pionero para entenderla y que aguanta perfectamente el paso del tiempo; LA COSTUMBRE DE MORIR (MADRID, CÁTEDRA, 1981), reflexión impagable sobre la venganza o, mejor dicho, sobre la ausencia de venganza por parte de las víctimas del terrorismo en el País Vasco; LA MAR ES MALA MUJER (MADRID, MONDADORI, 1987), desmitificación del País Vasco a través de la figura de un patrón de pesca vasco, de Pasajes, para quien lo importante, lo verdaderamente importante, es el trabajo bien hecho, el compañerismo, la lealtad y, por supuesto, intentar vivir la vida, y el amor también, lo más decentemente posible; LA CARTA (BARCELONA, PLAZA Y JANÉS, 1990), donde nos explica en una atmósfera densa y desasosegante el trago amargo de la extorsión mediante el mal llamado impuesto revolucionario;TANTOS INOCENTES (MADRID, ESPASA-CALPE, 1996), nuevo ejercicio de desmitificación del País Vasco, de esa mal entendida por el nacionalismo como Arcadia vasca, donde todos los nativos serían nobles, trabajadores y de moral sin tacha; EL OTOÑO SIEMPRE HIERE (BARCELONA, MUCHNICK EDITORES, 2000), ejercicio de gimnasia nostálgica que todo inmigrante al País Vasco hace alguna vez en su vida, cuando vuelve al pueblo del que procede él o su familia, para comprobar de dónde se siente, si es que se siente de alguna parte y, en fin, LA SOLEDAD DEL ÁNGEL DE LA GUARDA (MADRID, ALIANZA, 2007), retrato del absurdo en el que se convirtió la convivencia en el País Vasco para mucha gente a raíz del Pacto de Lizarra y de la exclusión que se dictó ahí por parte del nacionalismo en general hacia los partidos políticos no nacionalistas.
Un rasgo importante de estas obras de Raúl Guerra Garrido, y de muchas otras que no aparecen consignadas aquí y que también se relacionan con lo aquí contado (como COPENHAGE NO EXISTE, BARCELONA, DESTINO, 1979, o ESCRITO EN UN DÓLAR, BARCELONA, PLANETA, 1982, que son relatos sobre el desarrollismo y la llegada de la Transición), es que el autor nunca adopta una posición maniquea o predeterminada sino que deja a los protagonistas fluir libremente, desde sus propios puntos de vista, desde sus propias situaciones determinantes, a través de anécdotas y sucesos.
Cuando desde el socialismo y el constitucionalismo vasco se rehúye la adscripción a alguna identidad predeterminada y se habla de encuentro entre diferentes en el País Vasco, se debe tener en cuenta, por tanto, que si bien el nacionalismo tiene muy consolidada y trabajada su propia identidad, la de quienes procedemos de la inmigración no lo está tanto, y siempre corremos el riesgo de que ese encuentro entre diferentes que se preconiza no sea más que la antesala de una absorción y anulación de identidades, por parte de la identidad vasca nativa, dejándonos a los sobrevenidos sin pasado, sin memoria y, en definitiva, sin nuestra propia identidad. Las obras de Raúl Guerra Garrido estarían ahí, entre otras muchas razones, para impedir que este riesgo de anomia cultural de la inmigración al País Vasco pueda producirse.

 

 


PEDRO JOSÉ CHACÓN DELGADO*
Universidad del País Vasco UPV-EHU
Mayo 2009

*Es autor del libro La identidad maketa (San Sebastián, Hiria, 2006) y en la actualidad está a punto de publicar el libro La identidad insólita de Guerra Garrido.

 

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