Euskadi Laica
Daniel Solana*
La sociedad vasca de este siglo XXI que comienza se caracteriza por una pluralidad de maneras de vivir y también por una manera distinta de vivir el hecho religioso. El ejercicio de la libertad religiosa y de conciencia es presupuesto del concepto global de libertad y un signo más de la madurez y solidez democrática de las sociedades más avanzadas.
Los socialistas consideramos que la efectividad del principio de laicidad es trascendental para garantizar la libertad de las personas y para alcanzar un mayor grado de integración y convivencia en las sociedades contemporáneas cada vez más plurales, abiertas y diversas como también cultural y religiosamente más complejas.
El laicismo no es la religión de los no creyentes, ni es ateismo ni mucho menos anticlericalismo. El laicismo propugna una sociedad en la que todos son miembros son iguales, se basa en la libertad de pensamiento, en la generalización del conocimiento, en la autónoma ética de las personas y en su libertad de conciencia
Por todo ello, la profundización de la democracia en Euskadi requiere que los valores proclamados en los Derechos Humanos y recogidos en la Constitución española sean desarrollados desde la perspectiva de una ética civil nueva, basada en dichos valores. Si todos los ciudadanos están sometidos al mismo ordenamiento jurídico y no existen ya fueros especiales para ningún grupo ni corporación, es preciso que el concepto de ciudadanía se complemente con la reconstrucción de una ética cívica que articule la convivencia sobre el respeto, la tolerancia activa y la solidaridad. Y en este ámbito el Estado y Euskadi no pueden ser neutrales porque están obligados a respetar todas las creencias morales y religiosas, pero desde la perspectiva de la defensa de los derechos y libertades proclamados en la declaración de los Derechos Humanos.
La creación de un espacio vasco público de libertad, de tolerancia y de convivencia y de una nueva ética civil va unida estrechamente al avance de la laicidad, ya que la ética civil, la que podemos compartir todos los ciudadanos no puede construirse sobre una moral religiosa determinada ni sobre una definición absoluta y unívoca del Bien. La ética cívica sobre la que se debe fundamentar la idea de ciudadanía democrática está estrechamente vinculada al humanismo laico, porque una sociedad democrática no puede garantizar el ejercicio de las libertades individuales y los derechos fundamentales de todos sus ciudadanos sin el distanciamiento crítico de la laicidad y sin la neutralidad jurídica propia del Estado laico.
Vivimos en una época de afirmación de las identidades colectivas, especialmente en una Euskadi plural y, por tanto, rica en matices sociales, lingüísticos y culturales. Los rápidos y profundos cambios sociales, la perplejidad e inseguridad que en muchos provocan, los movimientos migratorios y el desarraigo que estos conllevan, así como una extendida conciencia de que decisiones fundamentales para nuestra vida se toman más allá de los límites territoriales que dominamos y hacen que amplios sectores de la sociedad se encierren en si mismos y desconfíen del resto, creándose guetos formados por identidades locales y culturales religiosas o étnicas.
Los socialistas vascos, y el socialismo en general, creemos necesario superar positivamente esa atmósfera de desconfianza, que puede dar lugar al surgimiento de brotes de violencia, de rechazo entre culturas y tradiciones, de confrontación entre sentimientos. Creemos posible hacerlo fundándonos en las libertades y los derechos individuales, en la solidaridad por encima de las diferencias culturales y de las identidades particulares, reconociendo los valores comunes y aceptando que nuestra diversidad es una riqueza y no un motivo de enfrentamiento.
Entendemos que la solidaridad pasa también por el respeto y reconocimiento de las diferencias, la integración de lo distinto en un mismo proyecto colectivo. Pero este respeto, además, no puede estar anclado en una posición de corte meramente liberal y tolerante sino que ha de ser positivamente entendido en el marco de una comunicación racional, crítica y democrática.
Euskadi ha cambiado sociológicamente y más que va a cambiar con el fenómeno de la inmigración. La secularización de la sociedad vasca es un hecho como también lo es el aumento de otras prácticas confesionales. El camino que debemos tomar es que sólo una sociedad vasca laica, basado en los tres elementos esenciales de la laicidad, reconocimiento efectivo de la libertad de conciencia, la igualdad de derechos de las diferentes confesiones y la neutralidad de los poderes públicos separados de la iglesias, podrá ser el receptáculo para un nuevo sistema de convivencia entre las diferentes creencias, entre las que se encuentra los católicos, el resto de creencias cristianas, los Musulmanes, el Judaísmo, el Hinduismo, el Budismo o aquellas expresiones que ponen de manifiesto convicciones filosóficas o morales no confesionales.”
Con respecto al fenómeno religioso, el gobierno autonómico democrático, desde la laicidad como marco de libertad, es un escenario idóneo que contribuye a respetar el pluralismo y a desarrollar una política de tolerancia, entendimiento y colaboración con todas las comunidades, procurando fortalecer el hecho integrador y compartido de la ciudadanía local democrática.
Las ciudades son espacios donde se han generado y consolidado valores específicos de libertad y tolerancia. La diversidad cultural y religiosa, el pluralismo político, la libertad y la creatividad científica, han encontrado en la ciudad, en el espacio de convivencia e intercambio que implica y en las instituciones que en ella han surgido, el marco necesario para convertirse en valores centrales de la civilización y del humanismo occidental.
Propuestas para la profundización de laicidad en nuestra sociedad:
Propuestas para Euskadi:
Los símbolos religiosos, de cualquier clase, han de desaparecer de los organismos oficiales. Proponemos que las instituciones vascas encarguen un estudio sobre los símbolos religiosos en las instituciones públicas de los tres territorios en centros públicos, ayuntamientos o administración en general, y que distinga los símbolos que son producto del patrimonio colectivo, o que poseen un valor artístico especial, de los que son imposiciones modernas en el espacio público.
Proponemos la creación de centros de carácter interconfesional. Es decir centros interreligiosos pensados para las celebraciones de toda clase de opciones religiosas de los ciudadanos.
Hay que facilitar, colaborando con el Estado, la posibilidad de que quienes están inscritos en la Iglesia católica y quieran renunciar a los derechos y privilegios que les otorga el bautismo, puedan hacerlo sin tener que someterse a ningún juicio de intenciones ni proceso de fe por parte de ninguna autoridad eclesiástica. Hay que poder garantizar el derecho de la ciudadanía vasca de dejar de constar en una determinada institución, aunque sólo sea a efectos estadísticos, simplemente con un documento de reconocimiento libre de la voluntad por parte de la persona interesada. Por ello proponemos que sean los ayuntamientos lo que en un libro de registro oficial recogen dichas renuncias.
Las instituciones públicas deben de ofrecer la posibilidad de efectuar celebraciones laicas en entornos dignos para los actos civiles más importantes de la vida social de los ciudadanos, como mínimo para la celebración de matrimonios o uniones civiles y para los funerales. Por lo que respecta a las aportaciones de recursos públicos, tanto físicos como materiales, deben ser idénticas a las que se otorguen a las confesiones religiosas.
Los ciudadanos tienen derecho, si no desean otra opción, a poder ser enterrados sin discriminación en función de sus creencias en vida. Ello puede significar que debe haber zonas comunes para todos los difuntos, y zonas exclusivas para quienes deseen ser enterrados de manera exclusiva entre los miembros de su comunidad específica.
*Plataforma Euskadi Laica


Comentarios
Jesús Álvarez González (txusfer) dijo Enero 27, 2009 13:30
Enhorabuena a Daniel Solana por el documento exquisitamente respetuoso con creyentes y no creyentes. Nadie puede sentirse ofendido si aspiramos a que las normas religiosas solamente se apliquen a los miembros de cada confesión que quieran someterse a ellas y que éstos no pretendan exportarlas a personas ajenas a sus clubs.
Óscar dijo Enero 27, 2009 20:01
Así es Jesús, Dani parece un chico muy apaña"o". Comparto gran parte de lo que dice y todo lo que dices.
Eduardo dijo Enero 28, 2009 11:11
Estoy totalmente a favor de una Euskadi laica. Es un tema que nunca ha aparecido en la agenda política y creo que es muy oportuna esta reflexión y esta apuesta. Es necesario convertir a la sociedad vasca que es cada día más plural, en una sociedad respetuosa con todas y cada una de las creencias de los ciudadanos. Es la mejor manera de poder convivir juntos desde el respeto y el reconocimiento a la diversidad.
MARTA dijo Febrero 04, 2009 12:33
Me ha gustado mucho, Dani. Un buen artícula. La laicidad es no de los valores que defiende el socialismo en general y por supuesto el vasco. Es una opción en la que cabemos hasta los que creemos en Dios. Me ha gustadp, respetuoso y con contenido.
Un católico dijo Febrero 18, 2009 00:52
Ufff... Estaba a punto de convencerme la candidatura de Patxi López, pero vienen bien estos recordatorios para tener claro lo que se esconde detrás.
A ver cuándo se enteran de que la laicidad no involucra sólo a la religión, sino a todas las ideologías o doctrinas. Para imposiciones, las que realizan ustedes, los políticos. Y en cuanto a renunciar a los "privilegios" que supone estar bautizado, simplemente da risa.
Eduardo dijo Febrero 18, 2009 19:39
Creo que el mensaje de "Un católico" lo ha escrito sin leer y entender lo que se decía anteriormente. El texto habla de todas las religiones y que ante todo debe imperar el respeto a todas. Pero en Euskadi y en el conjunto de España la religión católica, que es la mayoritaria, goza de privilegios y una sobreprotección con respecto a las demás por lo que no se cumplen los principio de laicidad. Si eso molesta o no se entiende es que no se apuesta por la laicidad entendida como marco para en la libertad de pensamiento, la autónoma ética de las personas y la libertad de conciencia de todos y cada uno de los ciudadanos.
M ANGELES dijo Marzo 07, 2009 22:40
En el día de la mujer trabajadora, en pleno siglo XXI, en el día la mujer embarazada no tiene la misma igualdad de derechos que los hombres. ¿Hasta cuándo? ¿Para cuándo una Ley de apoyo a la mujer embarazada que proteja sus derechos sociales, laborales y económicos?