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La economía vasca necesita un gobierno de progreso Documento perteneciente al programa electoral

La economía vasca se encuentra sometida a una paradoja. Mientras sus indicadores económicos coyunturales de los últimos años, en términos de PIB y renta por habitante son positivos, asistimos a un declive inexorable, de carácter estructural, de su peso relativo, tanto en términos de producción como de población en la economía española. Esto, que los gobiernos nacionalistas se empeñan en no mencionar, es un reflejo claro de su menor dinamismo frente a las regiones más dinámicas y al conjunto de España.

En los últimos años, Euskadi ha sabido sacar rendimiento del ciclo alcista que la economía internacional inició a mediados de los años noventa gracias a la fuerte especialización industrial del tejido productivo vasco, la capacidad de adaptación, apertura al exterior y emprendizaje del empresariado y de los trabajadores vascos, la gestión del autogobierno que otorga el Estatuto de Gernika y la importante capacidad financiera disponible por las Administraciones Vascas al hilo del Concierto Económico, junto a su pertenencia a unos ámbitos políticos e institucionales estables y de sano crecimiento económico como España y la Unión Europea.

Sin embargo, Euskadi tiene un serio problema de futuro por la pérdida de peso relativo frente a su entorno natural.

En este contexto, los proyectos soberanistas de Ibarretxe pueden llevarse por delante la prosperidad económica de Euskadi. El empresariado vasco está muy preocupado y ha advertido tanto del riesgo derivado de la incertidumbre que este proyecto rupturista genera para la actividad económica como de los costes de su aplicación. De hecho ya estamos asistiendo a un descenso muy importante de los proyectos de inversión productiva. Además, la economía del país y sus inversiones se ven seriamente afectadas por el terrorismo, el chantaje del impuesto revolucionario y un clima sindical radicalizado por los sindicatos nacionalistas.

Todo esto lo tenemos en Euskadi y queremos acabar con ello desde un Gobierno de cambio presidido por un Lehendakari socialista.

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