La década perdida
Florencio Domínguez
La década perdida fue el concepto acuñado el martes por Felipe González en Eibar para referirse al periodo transcurrido desde 1998, año del pacto de Lizarra, de los acuerdos con ETA y la radicalización del nacionalismo institucional, hasta la actualidad. Es una década que ha transcurrido con Juan José Ibarretxe al frente del Gobierno vasco.
En esta etapa la sociedad vasca ha vivido tensiones extremas entre nacionalistas y no nacionalistas, algo que no había ocurrido en los años anteriores. Ha sido una época en la que la búsqueda de consensos amplios para definir los marcos de convivencia fue sustituida por la invocación de mayorías coyunturales para imponer visiones partidistas, en la que se produjo el acercamiento político entre el nacionalismo institucional y el nacionalismo violento, mientras, en paralelo, se producía una persecución terrorista implacable de los no nacionalistas que han visto cómo se asesinaba a muchos de sus líderes y cargos públicos.
Los resultados de las elecciones del 1 de marzo pueden determinar el final de la política que ha caracterizado esta década perdida, incluso aunque no se produjera una victoria de los socialistas.
La línea política que ha marcado los últimos diez años está ya en crisis desde hace tiempo. Las tensiones registradas dentro del PNV, las discrepancias de significados dirigentes de este partido con el propio lehendakari, la pugna entre la dirección del PNV y el presidente del Gobierno por el control de la batuta política y el deterioro de la confianza entre las formaciones integrantes del tripartito son algunos de los signos más visibles de esa crisis. Pero antes de que se manifestaran esos síntomas había fracasado la piedra angular de la estrategia con la que se justificó la radicalización del nacionalismo institucional: la creencia de que asumiendo algunas de las banderas políticas de ETA la banda terrorista renunciaría al terrorismo y se avendría a buscar sus objetivos por vías pacíficas.
Esa idea fracasó temprano, nada menos que a mediados de 1999, aunque quienes apostaron entonces por dialogar con ETA no sacaron ninguna consecuencia de ese fracaso y persistieron aplicando la misma estrategia que habían asumido para apaciguar a la banda, pero con los terroristas en activo.
Por todo ello, incluso en caso de victoria del PNV, no está garantizado que las cosas vayan a seguir igual que en el pasado. Sólo en caso de una victoria arrolladora de Juan José Ibarretxe podría el lehendakari mantener la autonomía frente a su propio partido conquistada en estos años pasados. Sería la única forma de prolongar la década perdida unos años más.

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